Tal vez esto sea verdad en otros países, pero en Chile, es absurdamente difícil conseguir una patente de alcoholes para un restaurante. Y quiero que se note que estoy especificando que la patente es para un restaurante: un local con énfasis en comida, que cierra, máximo, a la una de la mañana, que sirve alcohol como complemento de los alimentos, que tiene una exigencia legal de acompañar todo el alcohol que se venda con algo de comer y al que no le permiten, ni vender alcohol a cualquier hora ni ofrecer espectáculos en vivo (es decir, ni puedo vender una cerveza a las 10 de la mañana ni puedo tener un DJ o un saxofonista en vivo como entretención). Vemos que estamos hablando de un simple restaurante sin trucos ni otras pretensiones.

¿Cuál es la dificultad? Bueno, reconozco que no he investigado el tema a fondo. No soy un experto en patentes ni mucho menos, pero desde mi punto de vista de emprendedor, hay comunas (que es el término chileno para un barrio con independencia administrativa regida por un alcalde elegido por votación por los vecinos registrados de dicha comuna) que demoran ocho o nueve meses en aprobar una patente simple de restaurante. Estos ocho o nueve meses empiezan a contar desde que una burocrática organización gubernamental apruebe el local y lo declare apto para un restaurante. Para esto, tiene que cumplir, naturalmente, una serie de especificaciones estructurales y de logística. Eso está muy bien, el problema es que adecuar una casa o local para cumplirlas puede llegar s tomar varios otros meses. Eso implica que la inversión inicial incluya capital suficiente para soportar alrededor de un año en arriendos, pero aún sin ingresos económicos.

¿Esta demora tiene una lógica? Lo ignoro, pero en mi mente, es una secretaria tan obsoleta como su método de seleccionar carpetas en una pila por orden de llegada. La realidad no es tan alejada de esa realidad, pues conozco un par de especialistas en llevarles flores y chocolates a las secretarias de la municipalidad para tratar de mover su carpeta algunos lugares hacia arriba. En mi opinión, no hay ninguna lógica para justificar esta demora, pero sí que hay incongruencias de una ley que necesita, más que nunca, que alguien la actualice.

Primero están las variedades de patentes. Hay muchas, dependiendo del local exacto que uno desearía tener. Hay una patente de alcoholes para restaurantes, con la exigencia de solo servirlo acompañado de comida y con limitaciones de horario. También hay una patente de bares, que elimina esas restricciones. Pero para tener, desde una zona bailable hasta un músico que anime, es necesaria la ridículamente llamada patente de cabaret. Oí rumores que esta patente ya no existía, y que la reemplazaría otra, tal vez con un nombre más adecuado. En total, si le hago caso a cierta información en Internet, hay 17 patentes distintas de alcohol. Cada una adecuada al local que la solicita. Es decir, es distinta la patente de un bar a la de una discoteca, a la de una bodega a la de un supermercado a la de un restaurante. Tal vez, entonces, la demora se deba a definir si la patente solicitada es, en efecto, la que va a usar una vez abierto el restaurante. Uno de los problemas con estas 17 patentes es que las comunas solo destinan un número determinado de ciertas patentes “conflictivas” como las de bar o cabaret. Y aún cuando esta cuota no se cumplió, el alcalde gana votos no otorgándolas. Entonces, muchos bares terminan operando con patente de restaurante. El concepto de “pub” o “restobar” nace porque estos locales se ven obligados a servir comida con sus tragos. Pero esto resulta en un problema para cualquier emprendedor que quiera abrir un simple restaurante porque la municipalidad podría dudar de sus intensiones y aletargar el proceso (que como ya comenté, es de por sí lento).

Y para finalizar, quiero comentar  algunas otras dificultades y/o incongruencias que se presentan con obtener una patente para expendio de bebidas alcohólicas en Chile:

  • Es más fácil obtener una patente de licorería que una de restaurante. Cierto es que no reclamaría si mi negocio fuera la venta de botellas cerradas de ron y pisco, pero estos locales le causan problemas a la municipalidad y ellos parecen tener una mano más débil para controlar y fiscalizar. Debido a los muchos bares disfrazados de restaurante, nuestro rubro le causa dolores de cabeza a la municipalidad y la policía. Muchos bares, sobre todo si están concentrados en unas pocas cuadras, atraen a vendedores de droga y otros delincuentes que buscan aprovecharse de la borrachera de alguno. Son, además, lugares bulliciosos que molestan a los vecinos. Pero estos no son restaurantes según mi descripción original de la palabra. Mi restaurante tiene el volumen moderado, no atrae delincuencia (o al menos no más delincuencia de la habitual del barrio) y no tengo que lidiar con clientes excesivamente borrachos que son un peligro al volante o que andan buscando peleas. Esos casos, sin embargo, si llegan a licorerías. Cerca de mi restaurante hay una que repetidamente le vende a menores de edad sin sanción. Varias veces, al pasar por ahí, veo a jóvenes, a veces menores de edad, tomando una botella recién comprada en la misma vereda. No me explico por qué sería más fácil para ellos obtener una patente que para mí.
  • Los problemas con la obtención de patentes comenzó un mercado negro. En internet se pueden encontrar muchísimas patentes a la venta, pero a precios ridículos. Sin embargo, con la larga espera hasta la aprobación, el precio es una ganga, y el negociado del vendedor es tremendo.
  • Toda la demora es una política anti PYMEs, que son las que generalmente tenemos poco capital para soportar las largas esperas o los precios del mercado negro. Abrir un restaurante ya es lo suficientemente caro como para agregarle un costo burocrático ridículo.
  • La ley no hace una distinción seria entre el que vende piscolas a dos por una y los que vendemos una botella de vino para acompañar la cena. Y debería, porque cualquier medida en contra del primer negocio afecta también al segundo. Además sospecho que esto debe causar problemas de fiscalización.
  • Varias veces escuché que Chile quiere vender una “Imagen País” orientada a la gastronomía. Pero estas resoluciones municipales le hacen un favor flaco a esas aspiraciones. Nada que restrinja la apertura de restaurantes es bueno para implementar esa imagen.

En mayo de este año, el NY Times contrató a un editor para medios sociales, resaltando la importancia del web 2.0 en el periodismo actual. Pero yo creo que no es solo en el periodismo donde se puede encontrar relevancia a esta tecnología. Los negocios en general se benefician de esta nueva comunicación.

WordPressHoy tenemos muchas herramientas para compartir información a nuestro alcance. Ciertamente, tenemos los blogs (y en esta categoría incluyo sitios de fotografía como flikr), pero estos requieren dedicación, constancia y cierta habilidad para escribir con coherencia o enfocar cámaras de fotografía o video. Eso hace que sean menos populares. Los que tenemos una bitácora web somos un poco poetas, o al menos albergamos cierta afición a las letras y la comunicación escrita. Decayeron en popularidad en el último par de años, pero ganan presencia en sitios web corporativos. El formato amigable es ideal para compartir información. En estos momentos estamos reestructurando la página de Fábula, buscando justamente este formato, porque nosotros vemos que la información con la que contamos varía constantemente, y es eso mismo lo que queremos comunicar.

FacebookDespués está facebook, que a todos nos ayudó a recuperar el contacto con muchos amigos del pasado. Pero también es una herramienta para crear contactos laborales. Yo tengo a muchísimos cocineros separados en listas, divididos por país. Ya los usé un par de veces para conseguir datos culinarios de varias naciones latinoamericanas. Además, Fábula tiene un perfil en facebook, aparte del mío personal. También tiene una “página” de la que uno puede hacerse fan. Tiene muchísimas aplicaciones, y algunas de ellas son útiles para el mundo de los negocios. El problema que tiene es que casi todos lo usan por recreación, y por ende, no quieren usarlo para el trabajo. Como en casi toda Internet, hay que saber desechar información para llegar a lo que realmente es útil. Y hay que saber convencer a la gente de que la use como instrumento de trabajo. Es un LinkedIn divertido.

TwitterTwitter es genial: fácil de usar y rápido. Solo 140 caracteres de información donde se permite cortar palabras e incluso suprimirlas. Es fácil incluir un vínculo a fotografías o artículos más largos, y eso lo hace ideal para la autopromoción. Es un instrumento que ya demostró ser útil en campañas políticas, y por tanto puede ser muy útil para cualquier profesional ansioso de mostrarle algo al público. Yo lo uso con frecuencia, como libreta de anotaciones y nube de ideas. Desafortunadamente, son muchos mini artículos que requieren instantaneidad. El público objetivo solamente leerá lo que se escriba en el tiempo que este esté conectado a twitter. Para una mayor efectividad, hay que escribir constantemente, al menos una o dos veces por hora, y la información realmente importante, hay que repetirla varias veces al día. En otros medios, eso podría considerarse spam, ¿no?

google-wave-logo1Finalmente está Google Wave, que es la gran incógnita. Yo tengo mi cuenta, pero sin invitaciones y pocos contactos, no puedo aplicar todas las ventajas que, teóricamente, brinda. Si cumple con todas sus promesas, Wave va a revolucionar la comunicación virtual. Debería convertirse en la herramienta más útil para elaborar documentos en conjunto con un equipo de trabajo. Aún está a prueba, y dudo de su popularidad (algo que influirá directamente sobre su utilidad), pero tiene un potencial increíble en el mundo de los negocios.

¿El futuro de los negocios pasa directamente por los medios de comunicación social? Creo que eso está por verse. Nuevas tecnologías e ideas saldrán al paso de las actuales, y posiblemente los negocios del futuro usen herramientas inimaginables hoy. Los medios sociales actuales son justamente eso: actuales. Son los imprescindibles (póngale énfasis a esa palabra) para los negocios del presente. La información y la comunicación ya no están en las radios, revistas o televisión. Nuestros clientes, cada vez más, están conectados. Aprovechemos esa pequeña ventaja regalada.