The French Laundry Cookbook

Fue un regalo de papá. Lo trajo, de coincidencia, en un viaje, poco después que comenzara a estudiar cocina. Básicamente, le gustaron las fotos del libro.

En un comienzo, en mi inexperiencia, también me sentí atraído por esas imágenes. Pero poco a poco fui adentrándome en las recetas, la técnica y la historia. Debo decir que Michael Ruhlman hizo un trabajo de escritura magistral. Se nota, en cada foto y en cada palabra, la pasión de todos los involucrados en el libro por la cocina.

Miré ese libro muchísimas veces. Saqué recetas, ideas de montajes e incluso conceptos que eventualmente puse en práctica en Fábula. Se lo mostré a varios amigos, compañeros de academia, para que pudieran empaparse un poco de este maravilloso libro.

En un momento dado, mi gran amigo Roberto Neira, uno de los mejores cocineros que conozco, aplicó y fue aceptado para una práctica en este mismo restaurante. Me pidió prestado el libro y, claro, se lo pasé. Lo tuvo en sus manos hasta que, en un momento dado, pidió comprármelo. Me dijo que lo tenía relativamente maltratado y que quería quedárselo. Claro, él iba a Napa y yo a Hyde Park. Acepté su propuesta, con un poco de lástima, pensando que con esa plata compraría un libro distinto, para estudiar la visión de otro chef. Pero la verdad es que lo extrañé cuando no lo tuve, y fue el primer libro que compré en la librería del C.I.A.

Así, lo tengo nuevamente entre mis manos, y debo decir que aún encuentro placentero sentarme en el turno cortado a ojearlo. A todo cocinero o estudiante de cocina: compren este libro. Incluso que les sirva la oportunidad para aprender inglés. Es uno de los libros más importantes en mi carrera, y creo que puede serlo también para quien lo tenga en su biblioteca.