Off Topic


No importa el nivel ni lo sofisticado del restaurante, cuando llegan los platos, también aparecen los celulares y cámaras fotográficas para tomar instantáneas de la comida. Es una costumbre reciente y curiosa, que cuenta con muchos adeptos, pero también con varios detractores.

¿Está bien tomarle fotos a la cocina? Intrínsecamente no tiene nada de malo. Circula por internet una carta de un restaurante analizando los problemas de las excesivas fotografías, pero se puede argumentar también que las fotos publicadas le sirven a los restaurantes como publicidad gratuita. Los propietarios le damos mucho valor al “boca en boca”, y aquí viene fácil: una foto, un par de “hashtags”, y la comida que servimos se esparce entre la red de conocidos del fotógrafo. Si los comentarios no son de queja, es la situación ideal.

Pero también están los comensales disgustados. Sobre todo cuando les toca compartir con aquellos que si toman fotos. Muchos piden una hamburguesa y quieren comenzar a comerla ni bien llega, pero les toca esperar que el resto de sus amigos termine de fotografiarla y, peor, publicarle inmediatamente. Esto es, elegir cual de las tres fotos quedó mejor, optar por un filtro adecuado, definir las palabras exactas, e incluso esperar a ver algunos comentarios. La hamburguesa ya está fría, y el amigo enojado.

Esta queja tiene sentido. Mucho se habla de que hoy ya no tenemos una línea divisoria entre las personas con quienes compartimos físicamente y con las que podemos comunicarnos de manera virtual. Es normal ver gente en restaurantes que le prestan tanta atención a las conversaciones de su mesa como a los nuevos mensajes que llegan a sus celulares. A veces, más atención al celular que a la mesa. ¿O no volvemos a la foto publicada después de unos pocos minutos para ver cuantos “me gusta” ya tiene, o si alguien comentó?

Por otro lado, tomarle una foto a la comida y crear una biblioteca virtual de momentos representados en alimentos no tiene nada de malo. Ver la foto antigua de una comida trae recuerdos de la experiencia del día, que es mejor que la típica y oscura foto grupal donde algunos salen con ojos cerrados y nunca falta el que está haciendo una mueca involuntaria. Tampoco es malo publicar estas fotos, porque lo que comemos es, más que nunca, una representación clara de quienes somos: golosos, vegetarianos, aventureros, puristas, artesanos, o alcohólicos.

Si usted quiere publicar fotos de lo que come, adelante. Solo asegúrese de que no esté molestando al resto de la mesa. No tiene nada de malo preguntar. Y en todo caso, tome la foto y publíquela más tarde, así no corta conversaciones o coqueteos. Con un poco de atención a esta nueva etiqueta basada en el sentido común, no tiene nada de malo divertirse con las fotos de comida. Adelante: #foodporn #sinfiltro.

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Primero que nada, si usted está leyéndome desde los Estados Unidos, o es de ese país, o simplemente le gusta ese feriado, pues feliz día del pavo. Para el resto, quiero explicar un poco por qué me gusta este feriado.

No quiero insinuar que deberíamos celebrarlo en otros lugares, pero si deberíamos usar algo de sus enseñanzas en otra festividad.

¿De qué se trata el día de acción de gracias? La historia simplificada y resumida es que los poblados locales autóctonos ayudaron a los primeros grupos de colonos ingleses que llegaron a Estados Unidos. Les enseñaron a plantar los ingredientes locales, y a comer las carnes nacionales, por ejemplo, el pavo, ave originaria de Norteamérica. Por esa ayuda recibida, los puritanos lograron sobrevivir el hambre y la escases invernal. Como agradecimiento, los recién llegados organizaron una cena para sus nuevos anfitriones. Esta es la leyenda de la cena que se conmemora en este feriado. Dugo leyenda porque probablemente esto no haya ocurrido jamás. Es casi seguro que los peregrinos y puritanos hayan celebrado su exitosa primera cosecha, pero no está claro que hayan recibido ayuda (ni de que hayan invitado), a la población indígena.

Pero la fiesta no fue siempre como la conocemos hoy. En el pasado fue una fiesta más parecida al Halloween actual: niños se disfrazaban a pedir monedas en la calle, algunos adultos se disfrazaban de mujeres y marchaban con sátiras a las autoridades, y en general casi todos se dedicaban a beber. El cambio a una cena familiar se la debemos a un movimiento liderado por Sarah Hale, quien se dedicó por cuatro décadas a escribirle cartas a políticos y periódicos desde comienzos del siglo 19, abogando por un feriado familiar, donde vuelvan los hijos a casa. Un sentimiento entendible, considerando que el país comenzaba a polarizarse, y se percibía que el ambiente desembocaría en la guerra civil que, justamente, enfrentaría a hermanos contra hermanos. Sarah Hale incluso propuso que thanksgiving se celebre en la fecha actual, el último jueves de noviembre. Finalmente, fue el mismo Abraham Lincoln quien promulgó que sea esta la fecha, inspirado en la Sra. Hale.

Es por ese sentimiento que me gusta esta celebración. Cuando vivía en Estados Unidos, en más de una vez tuve la oportunidad de disfrutar de la hospitalidad de mis amigos y mis familias, quienes con gusto me daban la bienvenida en sus hogares para esta celebración. La filosofía es que nadie debería estar solo en este feriado. El agradecimiento que le tengo a esas buenas personas se refleja en una nostalgia que siento cada ven que esta fiesta llega.

Es una fiesta familiar, ¡pero también es un festín culinario! No puede faltar el pavo, ya sea horneado o frito. Tampoco puede faltar algún tipo de pastel, que pude ser de manzana, cerezas, o calabaza. Los acompañamientos son los interesantes, porque si bien el pavo es inamovible, todo lo que se sirve al lado es un reflejo de las varias culturas que habitan ese país. Existen los tradicionales, como la salsa de cranberry, o el puré de papas. Pero diferentes culturas sirven su comida. Después de todo, para ellos también se vuelve un lugar para reunir familia, e incluso pensar en aquellos que están lejos, en sus países de origen, independiente que en su cultura no celebren este feriado.

Es un momento lindo, cuyo concepto me gustaría que encuentre un espacio en todos los hogares. Para mi familia, de alguna manera, ese momento es navidad, pero la comercialidad que envuelve a este feriado me incomoda.

typewriter-1240422Estoy a la mitad del camino. Fue a mediados de septiembre de este año cuando decidí volver a escribir para este blog, pero primero necesitaba hacerme de algo de tiempo, necesitaba organizar mi agenda. Venía saliendo de un trabajo muy demandante en tiempo, así que solo necesitaba organizar mi horario para introducir la escritura en mi rutina. Finalmente, a finales de octubre pude armar mis horarios, pero decidí esperar hasta el primero de noviembre para comenzar a escribir. Fue una decisión planificada, porque quería participar en un saludable ejercicio que usan varios escritores: obligarme a escribir todos los días, sin excusas. Noviembre es un mes ideal, porque tiene 30 días (me gustan los números redondos), y porque el mes termina en mi cumpleaños. Así es, si usted está leyendo esto, puede felicitarme el 30.

El lector atento (o el curioso) se dará cuenta que no empecé el primero de noviembre. Mi primer artículo en este retorno lo publiqué el día 2. Lo escribí el primero en la noche, mi horario programado para escribir, pero como estaba oxidado me demoré más de lo deseado, y también me demoré a encontrar las fotos adecuadas. En conclusión lo publiqué pasada la media noche. Una desilusión que he tratado de compensar mejorando mis ritmo de escritura.

Este artículo es solo una explicación del proceso. 15 escritos de 30 que quiero publicar este mes. Esto no quiere decir que voy a parar en diciembre y dejaré de escribir. Lo que quiere decir es que probablemente (yo diría incluso que con certeza), dejaré de escribir a diario. Este ejercicio está designado para agarrar ritmo y perderle miedo a la página en blanco, pues como sea hay que publicar algo. Sin embargo, tiene el problema de que da poco tiempo para trabajar el artículo y no me deja tiempo para editarlo. Estoy publicando todo lo que escribo sin siquiera darle una leída una vez terminado el artículo. Es arriesgado, pero necesario para esta velocidad de escritura que estoy tomando. Por eso quiero disculparme a ustedes, que me están leyendo, y que merecen un artículo más pulcro. ¡Gracias por el apoyo!

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Hoy tuvimos un hermoso día realmente primaveral. Tuvimos sol, hizo calor, y se veía gente linda caminando por las calles con ropa fresca, sonriendo. Por eso hoy quiero hablar de lo que sucede siempre en cada primavera: nos enamoramos. Y quiero apurarme a escribirlo porque El Niño puede hacer que mañana se estropee el clima, y tengamos que buscar un sweater nuevamente.

daisy-in-the-sun-1397229El amor. Tema común en la naturaleza durante la primavera, y a la que nuestra naturaleza humana no es inmune. Es la temporada en que vuelve a brotar la vida después de el gris invierno. Salen las primeras flores amarillas que llenan de color los prados. Y también sales las primeras frutillas, de textura más suave a la de las manzanas y peras, que ya nos cansaron a estas alturas. También salen los primeros espárragos, de sabor dulce y delicado, un contraste a los tubérculos que comemos en invierno. Además tenemos la promesa de que con el buen clima se vienen otros ingredientes esperados: vendedores callejeros comienzan a promocionar sus carnosas alcachofas, y el los mercados comienzan a verse sensuales chirimoyas. ¡Cómo no enamorarse en primavera, si –gastronómicamente-, es cuando comienza el año.

Admítanlo, ustedes pensaban que iba a hablar de amor entre personas en este blog, supuestamente, gastronómico. Pues también, porque este espacio ya tiene una nueva línea editorial, y si escribo más a menudo, es porque amplío mi repertorio de temas. Y le doy un paralelo culinario, pero me voy por una tangente.

Es que enamorarse es exactamente lo mismo a comer tu primera chirimoya de la temporadacustard_apple_green_676255_o: Ya comimos chirimoyas antes, y recordamos a que saben, pero esa memoria está empañada por la última que comimos, antes de decidir no comprarlas más. Es decir, la carne está más seca, tienen más pepas, se oxidan con más rapidez, y tienen un dejo amargo. A veces pasa algo similar con las primeras chirimoyas de la temporada, que las sacan demasiado temprano, y no han desarrollado todo su dulzor natural. Pero otras veces tenemos suerte, y al probarla vemos que tiene todo lo que esperábamos, y más: es carnosa, dulce, llena de jugo, y tiene un sabor sutil indescriptible, que hace que queramos morderla de nuevo. ¡Ni si quiera nos importan las pepas!

Así es enamorarse, algo que suele suceder en esta temporada, porque los vestidos son más cortos, las ropas son menos, vemos los primeros bronceados, y, claro, está siempre esa idealizado pelo desordenado al viento, y los ojos cristalinos que creemos que solo nosotros vemos, y sobre todo, que queremos que ellos solo nos vean a nosotros. ¡Que viva el amor!