¡Sankskivin!

Primero que nada, si usted está leyéndome desde los Estados Unidos, o es de ese país, o simplemente le gusta ese feriado, pues feliz día del pavo. Para el resto, quiero explicar un poco por qué me gusta este feriado.

No quiero insinuar que deberíamos celebrarlo en otros lugares, pero si deberíamos usar algo de sus enseñanzas en otra festividad.

¿De qué se trata el día de acción de gracias? La historia simplificada y resumida es que los poblados locales autóctonos ayudaron a los primeros grupos de colonos ingleses que llegaron a Estados Unidos. Les enseñaron a plantar los ingredientes locales, y a comer las carnes nacionales, por ejemplo, el pavo, ave originaria de Norteamérica. Por esa ayuda recibida, los puritanos lograron sobrevivir el hambre y la escases invernal. Como agradecimiento, los recién llegados organizaron una cena para sus nuevos anfitriones. Esta es la leyenda de la cena que se conmemora en este feriado. Dugo leyenda porque probablemente esto no haya ocurrido jamás. Es casi seguro que los peregrinos y puritanos hayan celebrado su exitosa primera cosecha, pero no está claro que hayan recibido ayuda (ni de que hayan invitado), a la población indígena.

Pero la fiesta no fue siempre como la conocemos hoy. En el pasado fue una fiesta más parecida al Halloween actual: niños se disfrazaban a pedir monedas en la calle, algunos adultos se disfrazaban de mujeres y marchaban con sátiras a las autoridades, y en general casi todos se dedicaban a beber. El cambio a una cena familiar se la debemos a un movimiento liderado por Sarah Hale, quien se dedicó por cuatro décadas a escribirle cartas a políticos y periódicos desde comienzos del siglo 19, abogando por un feriado familiar, donde vuelvan los hijos a casa. Un sentimiento entendible, considerando que el país comenzaba a polarizarse, y se percibía que el ambiente desembocaría en la guerra civil que, justamente, enfrentaría a hermanos contra hermanos. Sarah Hale incluso propuso que thanksgiving se celebre en la fecha actual, el último jueves de noviembre. Finalmente, fue el mismo Abraham Lincoln quien promulgó que sea esta la fecha, inspirado en la Sra. Hale.

Es por ese sentimiento que me gusta esta celebración. Cuando vivía en Estados Unidos, en más de una vez tuve la oportunidad de disfrutar de la hospitalidad de mis amigos y mis familias, quienes con gusto me daban la bienvenida en sus hogares para esta celebración. La filosofía es que nadie debería estar solo en este feriado. El agradecimiento que le tengo a esas buenas personas se refleja en una nostalgia que siento cada ven que esta fiesta llega.

Es una fiesta familiar, ¡pero también es un festín culinario! No puede faltar el pavo, ya sea horneado o frito. Tampoco puede faltar algún tipo de pastel, que pude ser de manzana, cerezas, o calabaza. Los acompañamientos son los interesantes, porque si bien el pavo es inamovible, todo lo que se sirve al lado es un reflejo de las varias culturas que habitan ese país. Existen los tradicionales, como la salsa de cranberry, o el puré de papas. Pero diferentes culturas sirven su comida. Después de todo, para ellos también se vuelve un lugar para reunir familia, e incluso pensar en aquellos que están lejos, en sus países de origen, independiente que en su cultura no celebren este feriado.

Es un momento lindo, cuyo concepto me gustaría que encuentre un espacio en todos los hogares. Para mi familia, de alguna manera, ese momento es navidad, pero la comercialidad que envuelve a este feriado me incomoda.

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