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Hoy tuvimos un hermoso día realmente primaveral. Tuvimos sol, hizo calor, y se veía gente linda caminando por las calles con ropa fresca, sonriendo. Por eso hoy quiero hablar de lo que sucede siempre en cada primavera: nos enamoramos. Y quiero apurarme a escribirlo porque El Niño puede hacer que mañana se estropee el clima, y tengamos que buscar un sweater nuevamente.

daisy-in-the-sun-1397229El amor. Tema común en la naturaleza durante la primavera, y a la que nuestra naturaleza humana no es inmune. Es la temporada en que vuelve a brotar la vida después de el gris invierno. Salen las primeras flores amarillas que llenan de color los prados. Y también sales las primeras frutillas, de textura más suave a la de las manzanas y peras, que ya nos cansaron a estas alturas. También salen los primeros espárragos, de sabor dulce y delicado, un contraste a los tubérculos que comemos en invierno. Además tenemos la promesa de que con el buen clima se vienen otros ingredientes esperados: vendedores callejeros comienzan a promocionar sus carnosas alcachofas, y el los mercados comienzan a verse sensuales chirimoyas. ¡Cómo no enamorarse en primavera, si –gastronómicamente-, es cuando comienza el año.

Admítanlo, ustedes pensaban que iba a hablar de amor entre personas en este blog, supuestamente, gastronómico. Pues también, porque este espacio ya tiene una nueva línea editorial, y si escribo más a menudo, es porque amplío mi repertorio de temas. Y le doy un paralelo culinario, pero me voy por una tangente.

Es que enamorarse es exactamente lo mismo a comer tu primera chirimoya de la temporadacustard_apple_green_676255_o: Ya comimos chirimoyas antes, y recordamos a que saben, pero esa memoria está empañada por la última que comimos, antes de decidir no comprarlas más. Es decir, la carne está más seca, tienen más pepas, se oxidan con más rapidez, y tienen un dejo amargo. A veces pasa algo similar con las primeras chirimoyas de la temporada, que las sacan demasiado temprano, y no han desarrollado todo su dulzor natural. Pero otras veces tenemos suerte, y al probarla vemos que tiene todo lo que esperábamos, y más: es carnosa, dulce, llena de jugo, y tiene un sabor sutil indescriptible, que hace que queramos morderla de nuevo. ¡Ni si quiera nos importan las pepas!

Así es enamorarse, algo que suele suceder en esta temporada, porque los vestidos son más cortos, las ropas son menos, vemos los primeros bronceados, y, claro, está siempre esa idealizado pelo desordenado al viento, y los ojos cristalinos que creemos que solo nosotros vemos, y sobre todo, que queremos que ellos solo nos vean a nosotros. ¡Que viva el amor!

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