Nunca es bueno empezar el año con un cliché, pero pocas veces tan cierto el cansado “año nuevo, vida nueva”. Siempre me pareció gracioso que todos pensemos siempre que el fin de año debe traer, irrefutablemente, un cambio total de actitud, de oportunidades y hasta de suerte. La verdad es que nada real cambia, excepto nosotros, que nos sentimos energizados. Muchas veces, nuestro entusiasmo es suficiente hacernos pensar que podemos cambiarlo todo, a pesar que, la mayoría de las veces, realmente no queremos cambiar nada.

Este año, sin embargo, realmente comenzó realmente distinto. Oficialmente, a partir del 2 de enero de este año (ya que el primero es feriado), Fábula, mi restaurante por los últimos cuatro años, cerró sus puertas. Fue una linda etapa de aprendizaje, de forjar amistades y de disfrutar mi rubro como nunca pensé que se podría.

Pero no solo por eso este año empezó con un cambio definitivo en mi vida. Sobre todo esta semana estoy bastante ocupado y se me presentan varias oportunidades que quiero aprovechar y analizar. Parece que a veces la rutina nos envuelve y no nos permite ver que estas mismas oportunidades están ahí, siempre disponibles.

Por eso la inspiración de este mensaje de año nuevo:

Que sea bueno. Pero no seamos tan obvios. Que sea un año en el que sonrías mucho. Y un año en el que muchos sonrían contigo. Mejor aún, que haya muchas sinceras carcajadas. Que sea un año de buenas comidas con buena compañía. Un año de descubrimientos culinarios, de ricas comidas caseras junto a familia y amigos. Un año de sobremesas largas y conversadas. Un año de aprender a comer mejor, más sano y más sabroso. Que el 2011 sea un viaje redondo de aprendizaje y de aventura. Que realmente podamos cambiar nuestra rutina. Que no nos agote el tráfico ni nos ponga de mal humor el clima. Que aprendamos, como dice mi padre, a tomarnos la vida con soda. Feliz veinte once.

Anuncios