Estos últimos días estuve leyendo sobre una propuesta del ministerio de salud para aplicarle un impuesto adicional a la comida chatarra. La idea es noble, y el fin que propone es, no solo deseable, si no también necesario: la disminución de la obesidad infantil y menos muertes por problemas cardíacas. Me da la impresión que esta idea está aún en desarrollo y tiene muchas asperezas que limar. Sin embargo, con la información disponible actualmente, da suficiente para un apasionante debate.

La idea no es nueva, ya el 2005 un artículo del New York Times leí sobre un proyecto de ley para instaurar un impuesto adicional a bebidas gaseosas, algunos dulces y algunas comidas chatarra. Desde entonces, varias veces han salido a consideración proyectos y opiniones similares. Incluso, el 2006, la OMS reunió a sus expertos para analizar sobre un impuesto a la comida chatarra para combatir la creciente obesidad en Europa. Y ya desde la década de los 40s existen estudios al respecto.

No lo investigué mucho más, pero no estoy seguro que exista un antecedente de algún país o estado que lo haya impuesto. Y es que creo que es especialmente difícil fiscalizar este impuesto.

Primero, hay que analizar cuidadosamente que constituye comida chatarra, o que comida es sujeta a este impuesto. Es más fácil imponerlo a locales reconocidos por vender comida chatarra, pero estos también venden ensaladas, por ejemplo ¿También entran estas ensaladas dentro del impuesto? Y también venden helados, que podrían tener un impuesto especial, pero yo conozco pocos restaurantes, de cualquier estilo y categoría, que no venden helados. ¿Un impuesto adicional a todos? ¿Y si el impuesto es por ítems, se puede imponer un impuesto a algo como la papa frita? ¿Y qué pasa con nosotros, los restaurantes que servimos foie gras o frituras?

Más difícil aún es un impuesto al sándwich. En un país de arraigada cultura sandwichera, un impuesto tal perjudicaría mucho a las clases más pobres, porque eso ese es su almuerzo cotidiano. Y además puede ser perjudicial a varios pequeños boliches que se dedican a ese rubro. Pero, ¿quién determina si un local es de comida chatarra o no?

Pienso además en el hot dog, el completo popular chileno. Analizándolo, pan con salchicha hervida no debería ser tan perjudicial para la salud. Es decir, el pan no es lo más saludable, pero un impuesto al pan en Chile sí que traería consecuencias políticas serias. Y un impuesto a la salchicha no tendría mucho sentido, porque incluso venden salchichas de pavo o bajas en grasa. El problema del completo es que lo venden con palta y mayonesa, ambas altas en grasa. Es decir, no incluir al completo en el impuesto es hipócrita, pero incluirlo es difícil. ¿Será la solución imponer un impuesto a la palta o la mayonesa? La primera es más complicada, porque a fin de cuentas es un vegetal. La segunda tendría sentido de no ser que en Chile también se consume mucha mayonesa y por eso sería una medida no popular. Ya es difícil el impuesto al completo, pero de realizarse, afectaría no solo a pequeños locales ni a grandes cadenas. También a bencineras y supermercado.

Estoy seguro que este tema va a debatirse mucho antes de que se tome alguna resolución efectiva, pero no creo que vaya a ser fácil. Desde la misma definición de que comprende “comida chatarra” hasta cómo fiscalizar la ley, es un problema que, me temo, quedará sin solución.

La respuesta de la obesidad y posteriores enfermedades cardiovasculares pasa, en mi opinión, por educación, motivación al ejercicio y legislación sobre información nutricional. Y si de impuestos de trata, yo propondría una disminución de impuestos a quienes sirvan comida sana, aunque queda el mismo problema de qué califica como tal.

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