Chile es un destino turístico interesante. No digo que el turismo sea o no uno de los mayores ingresos del país. Si me preguntan mi opinión, cosa que nadie hace pero yo imparto de igual manera, Chile es un país medianamente turístico y con mediana expectativa actual de crecimiento en ese rubro. Definitivamente no está dentro de los destinos más visitados de Sudamérica, y ahí tiene fuerte competencia: Rio de Janeiro, Buenos Aires, Machu Pichu, Cartagena de Indias y Ecuador que entero es muy visitado por extranjeros, y que además tiene Galápagos. De las zonas más visitadas del país, una es la parte menos chilena de Chile (Isla de Pascua) y la otra es realmente cara y conozco a muy pocos chilenos que la conozcan (Torres del Paine). Y no  es que Chile no tenga que mostrar. Los turistas que llegan disfrutan de su estadía. El norte tiene playas, desierto y San Pedro de Atacama. El Valle central tiene Santiago, Valparaíso, más playas, montañas con nieve y además la zona de viñedos. En el sur están los bosques, lagos y montañas, con algunos de los paisajes más encantadores del mundo y varios pueblitos tradicionales y pintorescos (cosa que, por cierto, se repite en todo el país).

Lo que le falta, entonces, es un buen departamento de marketing. Chile tiene una agencia de turismo que, extrañamente, no es una secretaría del gobierno. Es una organización que hace lo que puede con los pocos recursos particulares que consiga. Solo recientemente el gobierno comenzó a preocuparse de temas turísticos, pero quiere abrazar mucho con brazos muy chicos. Le falta un plan organizado, pero también le falta algo más importante: encontrar algo de qué aferrarse. No puede hacerlo de la cultura autóctona (como lo hacen Perú y Ecuador), porque es muy difícil de encontrar a lo largo de Chile. Tampoco puede hacerlo de la gastronomía (Otra vez Perú), porque no hay un consenso de cual o cómo es la cocina chilena tradicional. Tampoco pueden venderse como un paraíso artesanal, en general porque ahí tienen a muchos vecinos que los superan (Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia). Lo que tienen, es lindos paisajes. Ahí hay que concentrarse. Pero eso es más etéreo y, admitámoslo, todos los países tienen suficientes lugares fotogénicos para hacer un par de pancartas y algún video promocional. Todo tiene que construirse con lo que está detrás.

Analicemos: Chile es un país social, económica y políticamente estable. Ahí están a la vanguardia de casi todos. ¿Qué falta, entonces? Falta que el chileno entienda que el turista no es su solución para hacerse rico en dos días, si no que es un proceso de enriquecimiento paulatino, a largo plazo.

Sé que muchos de los problemas que enumeraré a continuación no son exclusivos de Chile, pero por la estabilidad del país cabría esperar algo mejor.

Algunos restaurantes tienen cartas en inglés (y tal vez otros idiomas) con precios distintos a la carta en español. Eso es directamente un robo. Es cierto que a muchos extranjeros puede parecerle barata la comida, aún con precios elevados, si la compara con la que consigue en casa. Pero esto no es una excusa para aprovecharse así del turista. La mala fama que cosechan estos pocos ladrones nos afectan, después, a todos. La confianza y el respeto son difíciles de ganarse con actitudes como esta. Un caso similar es el de los taxistas que le dan al pasajero un city tour no solicitado, todo mientras el taxímetro sigue su rodeo.

Y ya que estamos en el tema del transporte, muchos taxistas de hotel trabajan con un salario extra, pagado por restaurantes por cada cliente que les lleven. Son tarifas de hasta dos mil pesos por extranjero (unos 4 dólares). En varias ocasiones reservas de hoteles a mi restaurante no han llegado, indudablemente porque el taxista les ofreció otra alternativa. Una no necesariamente mejor, pero sí más lucrativa para ellos.

Y para terminar el tema del transporte, con taxistas estafadores, un sistema de buses público para nada recomendable, y un metro que cierra demasiado temprano, las alternativas de movilización de los turistas son realmente pobres.

Lo siguiente es la xenofobia. Entiendo el orgullo nacionalista, y hasta cierto punto la fascinación latinoamericana por todo lo norteamericano y europeo. Pero estos no son los únicos turistas potenciales para Chile. La mala relación histórica con sus vecinos es perjudicial para el rubro. No hay por qué tratar mejor al rubio que no habla español que al morochito que pronuncia muy bien las “eses”.

Hace falta en Chile una escuela de servicio para el rubro. Una escuela con alto énfasis en la enseñanza de idiomas. Muchas veces me encuentro con que los buenos garzones (trabajadores, honestos, con vasta experiencia y muy atentos) no hablan inglés. Los que lo hacen no son profesionales del rubro y están en él hasta terminar sus estudios o encontrar algo mejor. Muchos de ellos son buenos trabajadores, pero muchos otros lo hacen solo para ganarse unos pesos adicionales y no le ponen la atención requerida al trabajo. Incluso conozco varios ejemplos de garzones que se hacen la burla de los extranjeros por no entender el idioma. ¡Y otros que lo hacen a la cara de aquellos que si lo entienden! Por ejemplo, aquellos que comienzan a fingir acento argentino cuando atienden a alguien de ese país. ¿En serio piensan que es entretenido para el cliente que se burlen de su manera de hablar? Una vez más, esto habla de una clara falta de profesionalismo en el rubro.

Al final de cuentas, los problemas que tiene Chile para con el turismo son de profesionalismo y cortoplacismo. Hay que comenzar a ver al turista como un amigo, no como una billetera llena de dólares ambulante.

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