Comenzó con menos de un mes para la cena de noche buena. Sabía que tenía que cocinarla yo, pero jamás lo hablamos con la familia. Mamá me preguntó si tenía unas ideas, y ella me planteó sus preocupaciones. “Cocinemos algo ligero”, me dijo. “Comer pesado muy tarde no nos cae muy bien”. Y cavemos más profundo: la típica comida navideña es pesada, y en nuestro hemisferio sur, en verano, deberíamos optar por comida liviana.

Un salto al pasado: La “noche del 24” en mi familia siempre fue importante. Tal vez por las repetidas mudanzas, esta fiesta cristiana (en una familia no muy creyente) era una oportunidad de estar juntos y celebrar justamente eso, nuestra pequeña unión. Desde que tengo 8 años se acabaron las fiestas grandes y celebraciones en distintos lugares a lo largo de dos o tres días. Nosotros somos 4 y eso era suficiente. Por eso la cena era importante. Cuando era menor, mamá cocinaba, generalmente, un pollo relleno o algo por el estilo. Era una comida elegante, y nosotros nos vestíamos de traje y corbata. La comida navideña sigue siendo un momento importante en nuestro año. Seguimos elegantes (aunque desechamos las corbatas) y ahora cocino yo, con ayuda de mamá.

Elegimos un spätzle, que puede no sonar muy liviano, pero lo servimos tibio y salteado con bastantes vegetales de la estación (espinacas, choclo, habas, zapallo italiano, berenjena y tomates cherry). Todo eso acompañando un lomo a punto y salsa de vino tinto. No hubo entrada pero si postre: uno de estos bizcochos de chocolate con el centro líquido y salsa de frambuesas. Para “mojar”, champagne y vino tinto de Mendoza. ¿Bajativo? Nada, sesión de fotos (solo una con el gato de la casa, más preocupado de las luces del árbol que de las del flash) y el intercambio de regalos (ya no recuerdo la última vez que esperamos a media noche para abrirlos)

Un paréntesis para considerar: Nuestras tradiciones navideñas las heredamos del norte, donde está comenzando el invierno y todos sueñan con su blanca navidad. Por eso nuestro Papá Noel tiene abrigo (no entremos en detalles sórdidos al respecto, pero no es coincidencia que su vestimenta sea roja, tampoco), por eso el árbol navideño es un pino y se le pone nieve falsa. Por eso también comemos pavo asado o jamón acaramelado. En invierno, estas elecciones tienen mucho sentido. Pero en verano, con sobre 20ºC afuera, creo que es hora de cambiar la mentalidad. No digo que nuestro Viejo Pascuero llegue en pantalón claro de lino y polera, pero al menos que la comida sea adecuada para el clima. Es decir, que vuelvan los pescados y las ensaladas.

Finalmente, en casa, quedó la decisión de comida ligera también el próximo año. En una temporada llena de sabores y colores, la elección del menú volverá a ser fácil. Ah, por cierto, nada de fotos, se comió todo, no sobró nada.

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